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El dolor de oído puede deberse a una infección, acumulación de cerumen, irritación del conducto, cambios de presión e incluso a problemas que se originan fuera del oído, como los dientes o la articulación de la mandíbula. Por eso, más que intentar adivinar la causa, conviene fijarse en cuánto dura, qué intensidad tiene y qué otros síntomas aparecen.
Si el dolor es leve y mejora en poco tiempo, puede observarse su evolución. En cambio, conviene buscar evaluación médica cuando dura más de dos o tres días, empeora, aparece secreción, cambia la audición o se acompaña de fiebre alta, inflamación alrededor de la oreja o mal estado general. nhs.uk
Primero comprueba qué acompaña al dolor
El dolor aislado aporta poca información. Dos personas pueden decir que “les duele el oído” y tener problemas completamente distintos.
Antes de consultar, puede resultar útil observar:
- si afecta a uno o ambos oídos;
- cuándo comenzó;
- si apareció después de nadar, volar o tener un resfriado;
- si duele más al tocar o mover la oreja;
- si existe sensación de oído tapado;
- si escuchas diferente;
- si hay fiebre, secreción, mareo o tinnitus.
Estos datos no sustituyen la exploración médica, pero ayudan a orientar qué parte del oído podría estar involucrada.
Si duele al tocar la oreja por fuera
Cuando mover la oreja o presionar cerca de la entrada del conducto aumenta claramente el dolor, una de las posibilidades que suele valorarse es la otitis externa.
Puede aparecer después de nadar o cuando la piel del conducto se ha irritado con bastoncillos u otros objetos.
También pueden existir picor, inflamación o secreción.
En ese escenario conviene mantener el oído seco y evitar introducir objetos o productos sin saber primero cuál es el estado del conducto y del tímpano.
Si el dolor aumenta o aparece secreción, una valoración permite comprobar si existe infección.
Si el dolor empezó durante un resfriado
Una infección respiratoria puede influir en el oído medio.
La inflamación alrededor de la trompa de Eustaquio puede dificultar la ventilación del oído y favorecer acumulación de líquido detrás del tímpano.
Entonces pueden aparecer dolor profundo, presión, oído tapado y audición algo amortiguada.
En algunos casos se desarrolla una otitis media.
No todo dolor durante un resfriado significa que haya una infección que necesite antibióticos. La exploración del tímpano ayuda a distinguir entre presión, líquido e infección activa.
Si también sale líquido del oído
La secreción es una razón clara para pedir valoración.
El líquido puede aparecer en infecciones del conducto externo, pero también cuando existen alteraciones del tímpano u otros problemas.
No conviene intentar limpiar profundamente el oído para retirar la secreción.
Tampoco es recomendable utilizar gotas sobrantes de otra infección sin indicación profesional, ya que algunos productos no son apropiados cuando el tímpano está perforado.
El NHS recomienda buscar atención cuando el dolor se acompaña de salida de líquido por el oído. nhs.uk
Si el dolor va acompañado de cambios en la audición

Esta combinación merece más atención.
Un tapón de cerumen, líquido detrás del tímpano o inflamación pueden hacer que los sonidos se perciban más apagados.
Pero existe una diferencia importante entre escuchar algo peor progresivamente y notar una pérdida auditiva repentina.
La pérdida súbita de audición puede sentirse inicialmente como si el oído estuviera simplemente tapado. El NIDCD señala que puede aparecer de repente o desarrollarse durante pocos días y acompañarse de sensación de plenitud, tinnitus o mareo. La considera una situación que requiere valoración médica inmediata. INSOR
Si un oído pierde audición de forma brusca, no conviene esperar pensando que probablemente sea cera o congestión.
Si el dolor apareció después de un vuelo o cambio de altitud
Durante un vuelo, especialmente en el descenso, la presión del oído medio puede tardar en igualarse con la presión exterior.
Esto puede provocar oído tapado, molestias y audición amortiguada.
Cuando el dolor es leve y mejora progresivamente después del aterrizaje, suele encajar con un problema transitorio de presión.
La situación cambia si existe dolor intenso, vértigo importante, sangrado, secreción o una pérdida auditiva marcada.
En esos casos conviene una exploración.
Cuando el oído quizá no sea el origen del dolor
En adultos, el dolor percibido en el oído puede proceder de otras zonas.
Problemas dentales, dolor de garganta o alteraciones de la articulación temporomandibular pueden sentirse como dolor de oído aunque el conducto y el tímpano estén normales. MedlinePlus incluye dientes, garganta y mandíbula entre las posibles fuentes de dolor referido al oído. MedlinePlus
Una pista puede ser que el dolor aumente al masticar, abrir mucho la boca o tragar.
Si el oído parece normal durante la exploración, el profesional puede valorar estas otras zonas.
No introduzcas objetos para comprobar qué ocurre
Cuando aparece dolor, mirar o limpiar profundamente el oído por cuenta propia no suele ayudar.
Los bastoncillos pueden empujar el cerumen hacia dentro, irritar el conducto o producir pequeñas lesiones.
Algo parecido ocurre con pinzas, horquillas u otros objetos.
Si existe un cuerpo extraño dentro del oído, tampoco conviene intentar extraerlo sin saber dónde se encuentra o cuánto está introducido. El NHS recomienda solicitar ayuda cuando hay un objeto atrapado en el oído. nhs.uk
Cuándo el dolor puede esperar y cuándo no
Un dolor leve, sin otros síntomas importantes y que mejora progresivamente durante uno o dos días puede vigilarse.
Conviene pedir una consulta si:
- dura más de dos o tres días;
- empeora en lugar de mejorar;
- aparece repetidamente;
- existe secreción;
- cambia la audición;
- hay fiebre alta;
- aparece inflamación alrededor de la oreja;
- la persona se encuentra claramente enferma.
El NHS recomienda buscar atención urgente cuando el dolor se acompaña de cambios auditivos, secreción, inflamación alrededor del oído o un estado general deteriorado. nhs.uk
Algunas señales requieren atención más rápida
No todo dolor de oído es urgente, pero ciertos síntomas cambian la prioridad.
Una pérdida auditiva repentina requiere valoración rápida. También debe buscarse atención si aparece debilidad facial, vértigo intenso, hinchazón importante detrás o alrededor de la oreja, un traumatismo significativo o un empeoramiento marcado del estado general. MedlinePlus
En niños, un dolor intenso acompañado de fiebre alta, irritabilidad marcada o empeoramiento también merece revisión.
Qué suelen revisar durante la consulta
La valoración suele comenzar de manera sencilla.
El profesional pregunta cómo empezó el dolor y qué otros síntomas existen. Después puede observar el conducto y el tímpano con un otoscopio.
Eso permite detectar cerumen, inflamación del conducto, alteraciones del tímpano o signos compatibles con líquido en el oído medio.
Si existe un cambio en la audición, pueden realizarse pruebas adicionales.
No todas las personas con dolor de oído necesitan estudios complejos. Muchas causas pueden orientarse con la historia clínica y una exploración directa.
La evolución es una de las mejores pistas

Para decidir cuándo consultar por dolor de oído, no basta con medir cuánto duele en un momento concreto.
Un dolor moderado que disminuye progresivamente puede ser menos preocupante que una molestia inicialmente leve que empeora, empieza a producir secreción o se acompaña de pérdida auditiva.
Observar la duración, la audición y los síntomas asociados ayuda a decidir el siguiente paso sin asumir que todo dolor corresponde a una otitis.
Cuando la molestia persiste, cambia la audición o aparecen señales como secreción, fiebre alta, vértigo importante o inflamación, una evaluación médica permite identificar el origen y evitar tratar por cuenta propia problemas que pueden parecerse entre sí.
